martes, 23 de diciembre de 2008

"ESTE NO ES MI HIJO"

El sábado fui a ver la película El Intercambio de Clint Eastwood.
Fui aunque el título y la protagonista me echaran para atrás.

La película es decente, pero le falta intensidad, y le sobran lagrimones (de la protagonista). También se echa de menos mayor oscuridad. La historia se recrea en el sufrimiento de Christine Collins, cuando estremecería el doble si hablase del sufrimiento de los niños. Aunque a lo mejor Eastwood no quiere estremecer, a lo mejor yo ya tengo el corazón demasiado duro y me he vuelto un sádico.

Durante más de dos horas vemos a una Angelina Jolie destrozada, que sí, que se sale, pero nadie se la cree. Su extrema delgadez, esos morritos… no recuerdan a una madre. Resulta muy difícil empatizar así con el personaje.

Supongo que Eastwood o la productora buscaban un tirón comercial para una historia que no tiene la sordidez o intimidad que sus anteriores, y Angelina tiene tirón en taquilla. No os equivoquéis, Angelina nos gusta, pero este no es su papel.

El resto de personajes no son gran cosa. Malkovich se pierde por el camino. Sobresalen los niños, sobre todo el personaje de Sanford Clark, y su escena del desentierro, ahí los pelillos se ponen de punta, todos. Sin embargo, también se ponen de punta en la escena de la ejecución (no digo de quién), y para mí esa escena sobra, demasiado dolor. No debo ser tan sádico.

Me quedo con las escenas del granero, lo sórdido y los misterioso (últimamente nadie pronuncia la palabra misterio). El filme se crece cuando parece una película de terror y la gente se tiene que tapar los ojos. Sólo por ello merece la pena verla, y por Gordon Northcott.

Otro punto extraño en el filme es que la ambientación parece impostada, poco natural. Todo está demasiado encorsetado, como si la recreación de la época tuviera que ser tan perfecta que no admite ni un pelo mal peinado, ni un traje mal planchado, ni un plano sucio. Tanta perfección recuerda demasiado a decorado y a polvos de talco. Y a ello también ayuda el pelazo falso de Angelina a la que no se le mueve un rizo.

Sin embargo, El Intercambio es fuerte donde lo son sus predecesoras. En la belleza brutal de la violencia, principalmente en la perversión adulto-púber que ya se retrataba (con más dureza) en Mystic River. Ahí no tiene rival, y es que no se puede tratar un tema tan espinoso a una distancia tan perfecta.

Uno sale un poco defraudado, y no porque la peli sea mala. Eastwood vuelve a estar templado, como ya lo estuvo en Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, pero es que después de bajar a los tugurios en Mystic y nockear al público en Million Dollar Baby, uno va esperando que la cosa se ponga todavía más intensa, y uno también entiende que, si no quiere tener pesadillas, a Eastwood a veces le apetezca hacer películas un poquito más light.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

THE LAZY QUEEN... LA REINA PERRA


La vaguería (relativa) de madonna este año, ha tocado las narices a muchos de los perros sumisos a los que tiene pendientes.

Punto uno: su disco, pedazo de mierda donde los haya, con los productores de moda hace tres años y fiasco-timo en toda regla. (El primero en su carrera que muchos nos negamos a comprar). Madonna hace su primer disco que no es Madonna. Si lo que quería era acercarse al R&B, debería haber aprendido de Rihanna o Beyonce, o haber nacido negra, o con un novio negro vamos.
Aparte del fracaso comercial (que espero disuada a la guarra de regalarnos otras pieces os shit), le ha acompañado el varapalo de la crítica. Y una razón principal de este cutrerío: “cómo acabar rápidamente su contrato con Warner dándole gusto a la compañía, pero renunciando a ser ella”. La propia Madonna confesó que nunca había llorado en la producción de un disco hasta ahora, por culpa de las cesiones que tenía que hacer al trío Timberlake / Timbaland (artífice del basurero negro) / Pharrell.


Punto 2: la gira más coñazo y me-toco-el-cuñet de toda su vida. (Esto sí lo compramos, y hasta Berlín fuimos, gracias a dios Berlín). Ni dos horas de temas que ni se molestó en versionar, repeticiones del Confesions Tour (la polla de las giras) y una escenografía que nos dejó con ganas de algo más (sobre todo después de sus tours aluciperras de la época de Stuart Price). Las 10 canciones de Hard Candy, dormían a las ovejas, excepto Beat Goes On. Hasta dentro del propio concierto había puntos de vaguería:
1) Madonna, deja de tocar la guitarra. Baila y haz el tonto que es lo que sabes hacer, deberías ir al infierno por la versión rockera de Hung up.
2)
Intro del tour. ¿Se puede pasar de salir de una bola de cristales gigante de 1 millón de dólares a aparecer detrás de una pantalla sentada en una silla? Como para no sentirse defraudado (además, repetido del promo tour, vaga).
3) Vestuario cutre, en Zara no habrían dejado entrar esos bombachos metalizados del último tramo del concierto.
4) Ni confetti ni globos al final, muestra de la dejadez extrema del concierto. Encima de vaga, rata.
5) Cambio de director musical, más sonido de banda, menos sonido enlatado. Pero, ¿a quién le importa cómo canta Madonna si lo que quiere es show?


Se nota que la gira la preparó en mes y medio, y que lo que le ha importado es hacer caja: enhorabuena, ya es la gira que más ha recaudado de la historia de un solista (masculino o femenino), se acerca a 300 millones de euros cuando acabe en un par de días en Sudamérica.
Entiendo que tras 60 conciertos no se le puede llamar vaga, podría haber invertido tanta energía en algo mejor, sólo tiene que buscar en sus propias giras.


Punto 3: La explotación del disco ha sido cojonera. Un videoclip de una canción de Justin con Madonna de secundona. Y otro, Give it 2 Me, que se hizo durante una sesión de fotos, el colmo de la pereza. ¿Qué ha sido de David Fincher, de Cunningham, de Romanek, de Akerlund? Madonna ha dejado de hacer videoclips como se le supone. ¿Por qué le da tanta pereza hacer un poquito de arte? ¿habrá pensado, para qué hacer arte con este pufo de canciones?

¿Y si Madonna ha perdido el gusto? ¿Y si de verdad ha dejado a Guy Ritchie por un jugador de béisbol más feo que pegar a Chanquete? ¿Y si con 50 se está volviendo chocha?


Ahora termina el tour, y esperemos que Madonna se vaya a otra cosa mariposa. Que entierre Hard Candy y el Sticky & Shit Tour para siempre (como ha enterrado American Life sin tener que haberlo hecho).


Aún tengo esperanzas. Espero que tras finalizar el contrato con Warner y el recopilatorio-me-rasco-el-cuñet…de 2009, Madonna se ponga las pilas con LiveNation. Espero que les importe un poquito menos el dinero y que vuelva a Mirwais, a Orbit o qué coño, a Patrick Leonard. Espero que de camino a los 60 Madonna no pierda la dignidad, que no se estire más, y que se fije más en Tina y no en Cher.

Pero, ¿realmente queremos ver a Madonna-monstruo-fósil de gira a los 70? Me da pena, pero el futuro de Madonna da miedito…


Si eres vaga te pasan estas cosas:

miércoles, 19 de noviembre de 2008

OUTING a lo culebronero.

Algunos se empeñan en criticar la ficción española. Yo la defiendo, ya lo he dicho muchas veces, se hacen maravillas con cuatro perras. Aunque la mitad de los presupuestos se los lleven los actores.

Así comenzaba mi serie española favorita, Herederos, este culebrón posmoderno que cada vez se pone más oscuro y que se está convirtiendo en un thriller en toda regla.
Herederos tiene varios puntos fuertes, el mayor tal vez sea su reparto. No sólo la susurradora-concha si no ese elenco de pandilleros que encabeza Ginés García Millán.

Si Carmen Orozco es mala, esta temporada le ha surgido una rival de agárrate que vienen curvas. El personaje de Manuela, Carme Elías, es el más atractivo de esta tanda de capítulos. Otra grande (aunque pequeñita) es la otra Concha, la Goyanes, torturada por la Velasco, esa escena debería estudiarse en las facultades. Por favor, ¡quiero una escena Elías-Velasco-Goyanes! Saltan chispas.

La trama principal de esta temporada es el secuestro de la hija de Julia. Aunque se está alargando un poco, se agradece sólo por ver escenas como la de Julia (Mar Regueras) a punto de pegar un tiro a su madre, Carmen (Velasco), en un nave abandonada.
Las tramas secundarias se están volcando en los personajes jóvenes, los dos hijos, el bi-buenazo-doscaras y la enferma-borderline-terminal. Sin embargo, parece que no saben qué hacer con la Ceci y su novio Gorka.

En Herederos todavía no se han cortado ni en la violencia ni en el sexo. El trío de Jacobo con dos buenorras hace dos semanas será memorable, sobre todo por ese momento onírico que lo dice todo sobre el personaje.

Me gusta que estén abriéndose a nuevos personajes, a nuevas historias, y que todas tengan que ver con Carmen Orozco. Me gusta que se pueda oler la serie, sí, uno ve la casa de Carmen y sabe que huele a esa mezcla de casona, ambientador barato y perfume caro, como la de Angela Channing.

Me sorprende que una serie con tanta continuidad esté mejorando cada semana de audiencia. Me alegro, porque habrá Herederos para rato. Hay que reconocer su virtud para incorporar espectadores cada semana.

Hace unas semanas un plano definía la serie: Carmen Orozco emergía de entre sus dos hijos, que se quedaban en segundo plano y soltaba: “Esta familia no la separa ni Dios”. Ese plano es la marca de la serie. Es una rareza en nuestro país que en 25 capítulos no hayan perdido el rumbo ni un minuto. Ese plano está aquí:
Es triste que haya tantos prejuicios ante el drama, sobretodo por parte de la chavalada.
Este es mi outing, me declaro fan de Herederos.

lunes, 17 de noviembre de 2008

SEXO Y SANGRE

True Blood me pone cachondo.

A estas alturas de la temporada ya estoy al borde del suicidio por la cantidad de series acumuladas que tengo que ver. Estoy estresado, y de este año sólo he podido empezar a seguir True Blood, la serie de vampiros de Alan Ball, que por cierto me pone bruto.

Sólo he escrito este post porque la serie me pone cachondo, sí, muy perro. Y es que los personajes están bastante salidorros, buenorros y tontorros, vamos, como un servidor.

Anna Paquin y sus minishorts, el hermano sado-cachas, el vampiro belleza clásica empotrador, la negra jamona, el chapero-negraco camello, el dueño del bar que te broke el back… en fin, que la única que se salva de mi ojo lujurioso es la abuela, y eso que tiene una mirada de viciosilla…
Sexualidad aparte, la serie es original en la forma de tratar el tema de los chupasangres, costumbrista en la forma, guarrilla y fresca en el contenido.


Es un gusto descubrir a Anna Paquin como una quinceañera virgen, que abre la boca y deja entrever su lengua entre los dientes como nadie pensaba que sabía hacer, se pone lasciva sin que su personaje lo sepa, se bebe la sangre y se excita aún más. Ella ama, como una quinceañera irracional, y se lanza en esa especie de historia de amor tabú, entre un Romeo-vampiro y una Julieta-paleta. Sookie y su halo de virginidad es de lo más inverosímil pero más excitante de la serie.


Lo mejor de True Blood es que no oculta nada, que se aleja de metáforas inocentonas sobre el sexo, que no le da miedo escandalizar, y que junta sangre y sexo sin pudor.

En los dos primeros capítulos se echaban de menos crímenes, sangre, violencia, pero ahora la cosa se está empezando a animar. Alan Ball ha creado una panda de depravados dentro de la América profunda. Aquí no se libran ni humanos ni vampiros. Yo quiero ser de esa pandilla.

Los personajes de True Blood se debaten entre obedecer a sus instintos o a sus prejuicios. Espero que poco a poco vayan sucumbiendo al lado oscuro y esto se convierta en una especie de Bacanal.
Disfruten de la serie ahora que es de culto, porque en cuanto la estrenen en el digital y en castellano se popularizará, y ahí ya la odiaremos. Cómo nos gusta lo snob aunque sea pirateado de Internet…

Escribiré largo y tendido sobre True Blood, cuando acabe la temporada (en dos semanas). Mientras, el que conozca a algún vampiro que me lo presente por favor.

jueves, 23 de octubre de 2008

THE ROAD TO DRAMÓN o NÓMARD OT DAOR EHT



El viernes fui a ver Camino, mi primera película española desde… ni me acuerdo. También fue mi primera experiencia cercana a la muerte.
Fesser dice que la película no es una crítica al Opus Dei, que sólo refleja lo que se ha documentado, pero la película les deja bien pringaos. La peli no es diplomática, ahora que no venga él de santo.
Cuando le han preguntado si los familiares de la niña Alexia aplaudieron su muerte, él contesta: “no quiero hablar de la realidad”. Tócate. La familia, como es lógico, indignada, dice que no aplaudieron cuando su hija se iba para el otro barrio. De obra biográfica la película tiene poco, tiene más de Fesseriada. Para pasarse la realidad por ahí… mejor que hubiera hablado de un personaje de ficción, ¿Mortadelo? Es tan virtuoso Javier Fesser que ha entrado hasta en los sueños de la niña. Creo que le esperan en Cuarto Milenio.
Por lo visto Alexia, en su vida real, se cruzó con un niño en la calle, al que ni siquiera conoció. Según Fesser, la niña está perdidamente enamorada del niño, y éste es el leit motiv de la película. Casualmente el niño se llama en el filme Jesús, como el de Nazaret, y así todo se siembra por arte de magia de dobles sentidos facilones.
Estamos ante la Mar Adentro celestial. ¡Que llore todo el mundo! ¡Que las lágrimas no dejen ver la patata mal asada! No me gusta, como ocurría en la Amenabariada, que se metan las frases lapidarias y sensibleras a saco, para hacer que el espectador se compadezca como una magdalena ante un Cola Cao. Poco serio.
Fesser se empeña en meter con calzador su toque surrealista en un dramón de los de sobremesa. El contraste no casa. La película se difumina, ¿Qué estamos viendo? También se nota la mano en el guión de Bajonazo Ulloa, y es que hay pasajes utópicos ridículos que nos recuerdan a aquel extraño esperpento gasteiztarra: Frágil.
Nerea Camacho se crece en el drama, sin embargo es demasiado empalagosa en las escenas en las que debería ser una niña normal. El mejor descubrimiento es su brackets-friend: Begoña. Bego es el alivio de la película, un rayo de luz, una Chus Lampreave de 9 años por la que merece la pena el sufrimiento.
La peli es original, se puede ver, pero no se disfruta. Se digiere pese a ser más larga que un día sin pan, pero si no estás preparado para ver dos horas y media de moribundez, no vayas. Una chica a mi lado estuvo dos horas llorando lágrimas fáciles.
Lo siento por Fesser, yo creo que con tanta polémica aspiraba más que a ser el séptimo en la taquilla. Le habrá salido el tiro… por el culete.
ADVERTENCIA: cuidado con los mecheros, uno sale del cine con ganas de quemar iglesias.

jueves, 2 de octubre de 2008

ODA A MARÍA ELENA

Escribo estas líneas para declararme, pese a quién pese, al personaje de Penélope Cruz en la horrorosa “VickyCristinaBarcelona”, María Elena. La pobre que debería ser protagonista y a la que desprecian tanto en el título como en la cinta: estoy seguro que después se arrepintieron.

“Vicky…” (me da pereza hasta escribir el título) es una película tan muermo en su primera hora que te dan ganas de echarte una siestecita, si tu butaca fuera más cómoda. Tan llena de tópicos y mierdas catalanas y españolas varias, que se te revuelven las tripas y uno quiere vomitar. Siento decir tacos, pero es que me cabreaba en el cine. Todo llevaba la palabra “catalán” detrás, y es que sólo faltaba que la tortilla de patatas que se meten Vick y Cris entre pecho y espalda la hubieran llamado tortilla catalana, con dos cojones.

Antinacionalismos cinematográficos aparte, la cinta se anima cuando quedan 35 minutos para el final, es decir, cuando aparece la susodicha María Elena; barriobajera, elegante, seductora y malhablada, personaje que Penélope Cruz borda. Esta chica sin pelos en la lengua te enamora, con frases legendarias (adaptadas al castellano por la propia Pe) como “niñata de mierda” (a esa Scarlett que se queda encogida), “me pusiste los cuernos con la de Agustino, te lo vi en la mirada, me pusiste los cuernos con la mirada”. Amo a María Elena. Parece que abre la boca y se los va a comer, y lo hace. Odio a todos los demás en la película. María Elena consigue ensombrecerlos, dejarlos a la altura del barro, qué digo del barro, del polvo.

Pobre Cristina, pobre Scarlett, la sombra de Pe es tan alargada… pero no le echen la culpa a ésta, échenle la culpa al guión que ningunea a la Johanson como a una alpargata descosida. En la última media hora no sólo su personaje se siente mal, es que se olvidan de ella, eso sí, reaparece unos minutos antes del final para dar una muestra de sosez más. Pobre personaje, no he visto a una supuesta romántica enamorada del amor más coñazo y con menos personalidad en toda mi vida, pabisosa, si es que existe esta palabra.

Javier Bardem, es feo, ni aún así pasa por un pintor de Avilés. Su personaje es el más importante, pero el más inestable, indeciso y tontuno que ha podido hacer. Es que no se lo cree ni él mismo. Inverosímil, me muero, lo siento Bardem pero Juan Antonio no está a tu altura.

En fin, veánla en inglés, si no el poco humor que pone Penélope no se entiende y se dormirán todavía más. Te amo María Elena. Cásate conmigo.

martes, 24 de junio de 2008

THE X FILES - I WANT TO BELIEVE (GRANDES ESPERANZAS)

Como diría una amiga... panicando estamos esperando la nueva película de X Files - I want to believe (el título en español no lo digo porque ese si que da miedo) . Y digo panicando no porque vaya a ser una patata mal asada, no. Sé que me gustará, sé que ver a Scully y Mulder me seduce tanto que no la podré criticar; pero tengo pánico por cómo se nos va a dejar a los pobrecitos que nos tragamos las 9 temporadas.

Para empezar, dicen que se ha partido del final de la octava. Sinceramente, a estas alturas el que no la viera que se aguante: van a retomar a Scully y Mulder juntos, ¿con su bebé y su beso incluido? Para el no creyente, la octava temporada fue la última con apariciones de David Duchovny, y una de las mejores de la serie, pena que la ausencia de éste en muchos episodios haga que la infravaloremos. Pues bien, al final, Scully y Mulder poco más y se dan el sí quiero. Si quieren ser honestos, deberían ser pareja en la película... o haber pasado por una ruptura traumática (en off), y estoy seguro de que Chris Carter ha apostado por esto último, si no, ¿De dónde va a sacar la tensión sexual?

Otro miedo enormísimo. ¿Qué pinta la pseudoestrelladecomediaromántica Amanda Peet en el filme? No porque sea mala, Dios me libre, ¡viva Studio 60! Tengo miedo por si les quita algún plano de protagonismo a Anderson o Duchovny, y eso no lo soportaríamos los fans. Eso sí, creo adivinar cual es su papel, formar parte del triángulo y provocar los celos de Scully, para que parezca que está fritica por los huesos de Mulder. Nada más lejos de la realidad entre los dos actores, por lo menos cuando grababan la serie.

Otro miedo, el más grande. La película no va de extraterrestres, es un stand-alone, es decir, un episodio de aquellos en los que había un monstruo o un caso sin conspiraciones. Más que miedo, me da pena. Está claro que para llegar al gran público de nuevo, la película no podía retomar historias de la serie. Y si bien algunos de los mejores episodios (Post Moderm Prometheus, Bad Blood, Roadrunners) no tenían nada que ver con los extraterrestres... si es cierto que habría sido una recompensa para los fanánticos de la serie. Me da pena, pero espero que algún guiño nos hagan, que no sea una película de monstruos corriente, pero con Scully y Mulder. Y es que cuando uno habla de Expediente X, enseguida se le vienen a la cabeza los alienígenas.

Casi no tengo expectativas en la película... como pueden ver... no exijo nada... Sea como sea, me alegro de la vuelta, y ojalá tengamos a la científica escéptica y al creyente pirado en nuestras grandes pantallas durante muchos años. Como ven, yo siempre pongo a Scully por delante de Mulder.

miércoles, 26 de marzo de 2008

BROTHERS & SISTERS crítica 2a temporada


Parece que los guionistas de Brothers & Sisters han dejado su pluma dramática esta segunda temporada de la serie. Hasta los 11 capítulos que este servidor ha podido visionar (de un total de 16 que se emitirán), la familia Walker se ha tenido que enfrentar a muchas visicitudes más propias de una sitcom.

¿Se ha aligerado el tono dramático de este gran culebrón de la abc? Es muy probable, empezando porque la historia de Sarah (Rachel Griffiths) y su separación podrían haber dado mucho más de sí: ¿Dónde están sus hijos en tan terrible suceso? Otra trama que da más bien risa, Kevin (el hijo gay) y su novio en la distancia; resulta que ahora uno puede tener una pareja que conoce de una semana y vivir tres meses a 8000 kilómetros de distancia, y tan contentos, eso no es amor hombre, un poco de pasión no les vendría mal.

Pero si hay algo que cobre importancia en esta temporada es Kitty y su senador novio, encarnado por el aburrido Rob Lowe. ¡Resulta que ahora uno se puede casar en mitad de una temporada! Esta serie está rompiendo tantas convenciones, no conozco ni una sóla serie americana en la que los protagonistas se casen y lo hagan en el capítulo 10 (no, no fue por la huelga de guionistas porque el último fue el 12). Enhorabuena a esos guionistas y productores ejecutivos que lo cambian todo, y que nos hacen pensar que guardan algo mejor que una boda para el final de temporada, ¿una ruptura? Es cierto que el personaje de "Calista la delgada" está cobrando gran protagonismo esta temporada, en detrimento de la gran madre Nora Sally (Emmy censurado) Field Walker. Esa madre coraje que se ha quedado como simple hilo conductor entre las historias de los (ahora) seis hijos. Deberían buscarle algo que hacer a la pobre.

Pero tranquilos, que algo de tragedia le queda a la serie. Hay que resaltar la trama de Kevin y su adicción (¿otra vez?) a los "painkillers", y su estado después de llegar de Iraq deja mucho que desear. Genial es también el giro hacia el lado oscuro, como si de un Anakin Skywalker se tratara, del hermano bueno, Tommy. Así como la depresión postparto de su mujer. No cuento más detalles porque algún seguidor (que los hay) me querrá matar después de leer esto.

Me alegro de que esta sea una de las series más sólidas de la parrilla norteamericana (12millones de espectadores esta temporada), porque dentro de la normalidad, rompe sus pequeñas barreras, hartos estamos de otros productos que sólo innovan en la forma y que duran dos capítulos. Eso sí, yo preferiría que se dejasen de politiqueos con Rob Lowe y fueran más a la chicha, a los sentimientos, a la franquicia de la serie.

Está demostrado que el drama, cuando es drama, funciona. Que se lo digan a esa madre que tuvo que sacrificar a uno de sus dos hijos recién nacidos para salvar al otro (Julia), menuda tragedia televisiva. Larga vida a Cinco (Seis) Hermanos.

JOAQUÍN TIENE SÓLO UN OJO


Esta es la historia de Joaquín, un niño que nació con un único ojo.

A su madre, Rita, le habían explicado que su hijo era un extraño caso científico. Como no entendió lo que le dijeron los médicos, Rita se conformó con pensar que había apretado tan fuerte cuando Joaquín estaba dentro de su barriga, que el otro ojo se le había metido para adentro.

Joaquín no pensaba igual, era bastante más listo que su madre, pero también más desagradable a la vista. Él creía que lo del ojo era una maldición. Con diez años ya había sufrido tantas burlas, que había tomado la determinación de asustar a los niños en vez de intentar hacer amigos, así al menos le respetaban.  Sin embargo esta historia no trata de las penurias que pasó Joaquín, a él no le gustaba dar pena.

Joaquín no iba a un colegio especial, todo en él era normal menos su aspecto. Pero él no sabía que tenía unos milímetros cúbicos más de cerebro que el resto de la especie humana, debido al hueco que había dejado el vacío ocular. Esto le servía, sin darse cuenta, para prestar atención a asuntos que a otros niños se la repampinflaban.

Nuestro niño tenía pequeñas obsesiones, derivadas de su falta de ojo, de su genuina rareza cabezuda. Joaquín se sentía fascinado por las luces, sobre todo por las variedades de luz artificial; y más aún por las farolas y farolillos de las calles de su ciudad. Cada tarde se sentaba en la terraza de casa a observar cómo se encendían las luces mientras Rita planchaba o preparaba la cena. En cada época del año Joaquín sabía la hora exacta a la que el operario o el ordenador (gran incógnita) del ayuntamiento encendía el interruptor, y a qué hora lo hacía en cada calle diferente que veía desde la ventana.  Nadie sabía que se sentaba en la terraza a mirar las farolas, no quería que pensaran que aún era más raro. Él decía que le gustaba mirar a las personas ir y venir de allá para acá.

Joaquín jugaba siempre solo. Tenía otra pequeña obsesión: el urbanismo. Con sus juguetes se las arreglaba para construir ciudades muy habitables. Le gustaba amontonar cajas, recrear rascacielos y calles donde observar una vida para nada ajena y a la que deseaba pertenecer, una vida de muñecos que iban y venían por las avenidas, y que no se paraban a mirar a los ojos de los demás.

El hijo de Rita era una montaña rusa de emociones. Todo lo que le implicaba le tocaba, o le revolvía las tripas, todo le movía algo por dentro. Sentía que tenía que aprovechar cada segundo, todo despertaba algo en él, hasta el dolor, y eso le gustaba. Digamos que Joaquín tenía los sentidos más despiertos, más abiertos y receptivos, para lo bueno y para lo malo y que lo que le importaba era sentir. Quería tanto a Rita como si fuera el ojo que le faltaba, un amor que le mataba cuando pensaba que algún día se quedaría sin ella. Lloraba cada vez que pensaba que su madre dejaría de estar ahí algún día mientras él miraba por la ventana. Joaquín tenía el corazón descubierto, y le gustaba darlo, aunque le doliera.

¿Cómo podía ayudar a Joaquín su dotación cerebral a enfrentarse a un mundo en el que el número único de ojos tolerados era dos?

No podía.

Lo que ayudó a Joaquín fue una niña. En medio de un susto de los que daba a sus compañeros, se cruzó con Teri, una niña con dos ojos que fulminaron al uno de Joaquín. Teri le cogió la mano que usaba de garra amenazante y se la paró de sopetón. Le dio un sopapo para que saliera del trance y le abrazó. Joaquín lloró. Teri le abrazo más fuerte.

Desde ese día, Teri, aunque no compartía ni su fascinación urbanita ni su obsesión lumínica, se convirtió, sin Joaquín saberlo, en su amiga.

A los dos les unió su corazón descubierto que se entregaba al dolor y al amor por igual.

Desde entonces, Joaquín siguió jugando solo, pero sus muñecos empezaron a hablarse en el autobús urbano que iba camino del hospital en su ciudad de mentira.  

LA MUY CAPULLA


Fofi no se esperaba lo que le iba a ocurrir aquella tarde. No había menos de 40 grados a la sombra. Los prados agostados y el sonido de la chicharra le quitaban las ganas de jugar y de dar la paliza a las vacas, que también se estaban echando la siesta.

Mientras escuchaba la melodía de un árbol caído en el jardín, pensaba en lo poco original que resultaba su nombre, pero se sentía orgulloso de ser el cuarto Fofi de la familia y único superviviente. Su bisabuelo había muerto de frío en un pajar un invierno especialmente crudo, y su abuelo y su padre habían perdido demasiado el respeto a los jabalíes en las cacerías del amo, así habían acabado. Fofi no era tan valiente como sus antecesores, creía en la prudencia e incluso algunos le podían llamar miedica porque antes de lanzarse a olisquear se lo tenía que pensar dos veces. Fofi era corriente, pero él no quería ser otra cosa, sólo le preocupaba no ser el amigo de demasiadas pulgas, y eso era inevitable con las ovejas cada dos por tres infestadas y rondando por ahí.

Pero a veces el peligro acude a uno sin habérselo buscado.

Fofi sabía que ese verano había más serpientes de lo normal, a su amo le había visto matar unas cuantas con una piedra muy gorda del camino. La piedra había enrojecido por debajo, así que eso da una idea de las serpientes que había aplastado. Fofi también sabía que las muy capullas se escondían sobre todo en la zona del jardín donde el cortacésped brillaba por su ausencia. Entre el rosal amarillo y el blanco, los hierbajos silvestres y los agujeros de los topillos, se había creado un entorno maravilloso para su cría, y el agua de la piscina en ruinas las servía de bebedero.

Fofi evitaba pasar por el peculiar triángulo de las bermudas del jardín, y este verano sería más prudente que nunca. No había sido un año fácill sentimentalmente y se le hacía tarde para tener descendencia.

Fofi bebía agua en la vieja rueda de afilar, alejada del triángulo de las Bermudas. Allí había bebido todo el verano, y ya estaba asqueado porque ese agua llevaba estancada meses, era casi negra de la podredumbre de las hojas y las ramas que habían caído en ella; pero para él lo importante no era el sabor, sino la seguridad. Fofi estaba equivocado. Cuando hundió el hocico para llevarse un poco de agua a la boca…lo sacó con una serpiente verde y roja como apéndice. Se asustó, gritó, y dio un salto en el mismo momento en que notaba a La Muy Capulla picarle en todos los morros.

Fofi se zafó de ella, agitando la cabeza, y corrió muy asustado, El dolor le penetraba la parte frontal de su cabeza, ¿estaba perdiendo el olfato? . Sabía que debía acudir a su amo para que le viera, y aunque se moría solo de pensarlo, le sacara con un cuchillo el veneno de La Muy Capulla. Eso le había hecho el verano pasado a su amiga y amante Neska, o al menos eso le parecía haber visto, porque había tenido que apartar la mirada de esa escabechina para no desmayarse. Gracias al amo, Neska estaba vivita y coleando, eso sí, con otro y bien preñada.

A Fofi no le hizo falta llegar hasta la puerta para darse cuenta de que estaba solo, el coche del amo no estaba en el camino, debía haber bajado al pueblo a tomar café con el cojo y a reírse de la ninfómana.
Fofi se recostó bajo el chopo, a la sombra en aquel día caluroso, intentando no pensar en el dolor, en la parálisis y anhelando que hubiera vida más allá de la muerte. Se tumbó, cerró los ojos y en ese momento pensó en lo poco valiente que iba a ser su muerte, y que era una pena que Neska no le hubiera querido para dejarla preñada del quinto Fofi.