El sábado fui a ver la película El Intercambio de Clint Eastwood.Fui aunque el título y la protagonista me echaran para atrás.
La película es decente, pero le falta intensidad, y le sobran lagrimones (de la protagonista). También se echa de menos mayor oscuridad. La historia se recrea en el sufrimiento de Christine Collins, cuando estremecería el doble si hablase del sufrimiento de los niños. Aunque a lo mejor Eastwood no quiere estremecer, a lo mejor yo ya tengo el corazón demasiado duro y me he vuelto un sádico.
Durante más de dos horas vemos a una Angelina Jolie destrozada, que sí, que se sale, pero nadie se la cree. Su extrema delgadez, esos morritos… no recuerdan a una madre. Resulta muy difícil empatizar así con el personaje.
Supongo que Eastwood o la productora buscaban un tirón comercial para una historia que no tiene la sordidez o intimidad que sus anteriores, y Angelina tiene tirón en taquilla. No os equivoquéis, Angelina nos gusta, pero este no es su papel.El resto de personajes no son gran cosa. Malkovich se pierde por el camino. Sobresalen los niños, sobre todo el personaje de Sanford Clark, y su escena del desentierro, ahí los pelillos se ponen de punta, todos. Sin embargo, también se ponen de punta en la escena de la ejecución (no digo de quién), y para mí esa escena sobra, demasiado dolor. No debo ser tan sádico.
Me quedo con las escenas del granero, lo sórdido y los misterioso (últimamente nadie pronuncia la palabra misterio). El filme se crece cuando parece una película de terror y la gente se tiene que tapar los ojos. Sólo por ello merece la pena verla, y por Gordon Northcott.
Otro punto extraño en el filme es que la ambientación parece impostada, poco natural. Todo está demasiado encorsetado, como si la recreación de la época tuviera que ser tan perfecta que no admite ni un pelo mal peinado, ni un traje mal planchado, ni un plano sucio. Tanta perfección recuerda demasiado a decorado y a polvos de talco. Y a ello también ayuda el pelazo falso de Angelina a la que no se le mueve un rizo.
Sin embargo, El Intercambio es fuerte donde lo son sus predecesoras. En la belleza brutal de la violencia, principalmente en la perversión adulto-púber que ya se retrataba (con más dureza) en Mystic River. Ahí no tiene rival, y es que no se puede tratar un tema tan espinoso a una distancia tan perfecta.
Uno sale un poco defraudado, y no porque la peli sea mala. Eastwood vuelve a estar templado, como ya lo estuvo en Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, pero es que después de bajar a los tugurios en Mystic y nockear al público en Million Dollar Baby, uno va esperando que la cosa se ponga todavía más intensa, y uno también entiende que, si no quiere tener pesadillas, a Eastwood a veces le apetezca hacer películas un poquito más light.








